Un minuto de silencio por… Katherine Johnson.

Katherine Johnson.

La historia está plagada de grandes logros de la humanidad. Grandes personajes que llenan los libros. Pero muchos de ellos tienen detrás un buen número de personas sin los cuales no hubieran conseguido sus hazañas.

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Katherine Johnson

El caso de Jhon Glenn es uno de ellos. Fue piloto del Programa Mercurio con el que EEUU quería demostrar que no estaba a la cola de la URSS en materia espacial. Y su logro fue el de ser el primer americano en orbitar la Tierra.

Obviamente, detrás de su vuelo había el trabajo de muchas personas. Pero justo antes de partir hacia la historia, Glenn solo recurrió a una de ellas para tomar la decisión final. Esa persona fue Katherine Johnson.

Esta matemática afroamericana nacida en 1918 en Virginia pertenecía al cuerpo de calculadoras de la NASA. En el esfuerzo colectivo que supuso el Programa Mercurio, IBM puso su grano de arena con las primeras grandes máquinas de cómputo. Estas máquinas calcularon todos los valores críticos de las trayectorias de la nave. Pero al ser elementos innovadores, el piloto, en el último minuto, prefirió jugar sobre seguro y solicitó una comprobación de los cálculos por una persona de su confianza.

Esta confianza ganada a pulso solo fue el primer reconocimiento a Katherine Johnson. Esta niña precoz hizo que sus padres se trasladaran para poder escolarizar a sus hijos de color. Y a base de tesón y brillantez no solo se conformó con alcanzar un graduado con suma cum lauden, sino que llegó a ser aceptada en estudios de postgrado, luchando contra la segregación de la época.

Una vez finalizado sus estudios ingresó en la entonces NACA en el cuerpo de calculadoras bajo las órdenes de Dorothy Vaughan. Cambió varias veces de división hasta que pasó a formar parte del equipo que llevó primero a Glenn a orbitar la Tierra y después al hombre a la Luna.

La vida de esta pionera en tantos aspectos fue llevada al cine junto con la de Dorothy Vaughan y Mary Jackson en la película Figuras Ocultas. Pero este solo fue el reconocimiento público más difundido. La dura vida de Katherine Johnson, aunque desconocida durante mucho tiempo para el público general, está llena de premios y reconocimientos, tanto en el plano técnico como a su vida personal.

Vida que hoy ha llegado a su fin, a los 101 años, en Virginia. Se ha ido uno de los grandes modelos a seguir. Ya sea por su lucha personal, como por su trayectoria profesional. Una vida que esperamos inspire a las nuevas generaciones a buscar logros más y más «inalcanzables».

Descanse en paz.

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