Vera Rubin

Vera Rubin

Vera RubinVera Cooper nació en Filadelfia, Pensilvania, EEUU, en 1928. Era la segunda hija del matrimonio formado por Pesach Kobchefski, un ingeniero eléctrico nacido en Lituania y por Rose Applebaum, originaria de la región de Besarabia, en la Europa Oriental. Sus padres, judíos inmigrantes, se conocieron en la compañía telefónica Bell, donde ambos trabajaban.

Su pade, que había adoptado el nombre de Philip Cooper, era un hombre inquieto, y antes de llegar a formar parte de la primera plantilla de lo que posteriormente serían los Laboratorios Bell, emprendió varios proyectos independientes con mejor o peor suerte. Al final consiguió un trabajo público en el Departamento de Agricultura de Washington cuando Vera contaba 10 años. La familia se muda a un adosado de dos habitaciones, por lo que Vera tiene que compartir la habitación con su hermana Ruth, con la que no compartía muchas aficiones. Estas deciden dividirse la estancia, tocándole en suerte la parte con la ventana a Vera. Sin saberlo, esta decisión marcaría el resto de su vida, pues fue gracias a aquella ventana que Vera empezó a mirar al cielo nocturno y a observar las estrellas. Decidió que quería ser astrónoma y tomó como modelo a Maria Mitchell, considerada la primera astrónoma profesional.

Vera sabía que el camino iba a ser difícil pero contó desde el primer momento con el apoyo de sus padres. Junto con Philip construiría su primer telescopio de dos pulgadas de diámetro. Posteriormente, entorno a los 14 años, sus padres comenzarían a llevarla al Amateur Astronomer Club donde escucharía sus primeras charlas sobre astronomía.

Cursó matemáticas y física en el Coolidge High School y logró ser admitida en la Universidad de Vassar con una beca parcial. Como necesitaba dinero para pagar el resto de la matrícula, con 17 años empezó a trabajar con su padre, que en aquel tiempo era empleado de la Marina americana, en proyectos de los laboratorios de óptica durante los veranos. En los periodos escolares, compaginaba los estudios con un puesto como ayudante en el departamento de astronomía. Llevaba una vida austera y al contrario que su hermana Ruth, no pertenecía a ninguna hermandad judía, aunque sus relaciones siempre fueron de la comunidad. En 1947 sus padres le presentan al hijo de unos nuevos amigos, Bob Rubin, estudiante de química y física de la Universidad de Cornell. La pareja, a pesar de la distancia, se hizo inseparable y a finales de ese año contraían matrimonio.

Vera cursó tres años en Vassar. En los dos primeros disfruto ampliando sus conocimientos, conociendo y trabajando con profesores de diferentes áreas, y empezando a hacer trabajo de astrónoma. En cambio, cuando en el tercer curso se enteraron de que iba a casarse, muchos supusieron que dejaría la labor científica. A pesar de todo se graduó en Vassar. Pero la ya Vera Rubin tuvo que declinar la plaza que había obtenido en Harvard para ir a Cornell con Bob.

Vera Rubin no se desanimó por el cambio, y a pesar de tener que lidiar con el excéntrico William Shaw como director, y con menos recursos a su alcance, encontró apoyos como Feynman que la ayudaron con los estudios y con el trabajo de fin de máster. Este versaba sobre la idea de que el Universo rotaba y no se limitaba a expandirse como postulaba el Big Bang.

Para la realización del trabajo, se basó en un artículo de George Gamow y en los datos del desplazamiento al rojo por efecto Doppler tomados en 108 galaxias. Shaw, en la línea de su actitud para con Vera, criticó el trabajo, pero se ofreció a exponerlo en la A.A.S. (American Astronomical Society). Vera Rubin rechazó el ofrecimiento y a pesar de no ser miembro y ser mujer, decidió presentarlo ella misma en una conferencia que tituló “Rotación del Universo”.

El retraso en la lectura de su tesis y el nacimiento prematuro de su hijo David, no impidieron a Vera presentarse a la ponencia en septiembre de 1950. Lo que ella no sabía era que los oyentes ya estaban informados del tema de la conferencia y habían discutido largamente sobre el, pues muchos lo consideraban una idea descabellada de una madre que jugaba a ser astrónoma. Cuando Vera Rubin termino su exposición, se sucedieron las críticas hasta que Martin Schwarzschild puso fin a la discusión.

Terminado el máster, con su hijo recién nacido y las críticas recibidas, Vera Rubin se centró en su familia y en la vuelta a Washington. Después de seis meses fuera de la vida académica y científica Vera era infeliz, por lo que tanto sus padres como Bob insistieron en que volviera a la astronomía. La decisión la tomó después de que George Gamow la llamara para pedirle más datos sobre el trabajo que había realizado.

Como Gamow se encontraba en una universidad que no impartía astronomía y en Princeton no admitían mujeres, Vera Rubin se matriculó en 1951 en la Universidad de Georgetown para realizar el doctorado con el permiso de realizarlo con Gamow. A pesar de estar nuevamente embarazada, del horario casi nocturno y del gasto que suponía la matrícula, la familia Rubin encontró la forma de que pudiera cursar las asignaturas que no pudo convalidar y desplazarse para trabajar con Gamow regularmente. El tema de la tesis era otra vez controvertido. En ella defendía que las galaxias no se distribuían al azar, sino que se juntaban para formar grandes cúmulos. Vera Rubin se doctora en 1954 pero su trabajo es rechazado por las revistas. 15 años después, los datos experimentales le dieron la razón.

Se había doctorado, pero quedaba mucho camino. En los años posteriores, mientras criaba a sus cuatro hijos, impartió diferentes clases, trabajo en varios centros astronómicos y asistió a varios congresos. Se relacionó con muchos científicos de la época, no solo con astrofísicos, y no dejó de aprender, siempre con el apoyo de su familia. En los años 60 trabajó con el matrimonio Burbidge que impulsaron su carrera y en 1970 comienza a trabajar con Kent Ford retomando su controvertida tesis de máster.

galaxia de andromeda. Vera Rubin

Galaxia de Andrómeda

Tanto Vera como Ford recibieron muchas críticas y decidieron abandonar el tema, pero se centraron en un dato curioso observado en el trabajo original. Las galaxias con estructura en espiral presentaban variaciones en el brillo al rotar. Como por la variación de tonalidad azul-rojo de los experimentos realizados con el efecto Doppler se podía obtener la velocidad orbital de las estrellas, calcularon la velocidad de rotación de la Galaxia de Andrómeda. Los resultados obtenidos eran sorprendentes pero se repitieron en todas las galaxias estudiadas.

Vera Rubin y Ford esperaban que el centro de la galaxia, donde se concentran la mayoría de las estrellas, debería de girar más rápido. Pero los resultados mostraban que toda la galaxia giraba con la misma velocidad.

Este patrón solo podría explicarse si toda la galaxia tuviera la misma materia. Fritz Zwicky, en 1933 ya había expuesto que al estudiar el cúmulo de Coma, la atracción gravitatoria era insuficiente para evitar la desintegración por lo que debía de existir una masa que no se pudiera observar. Vera Rubin y Ford relacionan estos estudios con los suyos y presentan la primera «observación» de lo que llamaron «materia oscura» en 1975.

Otra vez la aceptación del trabajo fue complicada, pero Vera ya estaba acostumbrada. Siguió trabajando en lo que más le gustaba y poco tiempo después comenzaron a publicarse trabajos que verificaban el suyo. Hoy «sabemos» que el 90% del Universo es «materia oscura». Eso o, como decía la propia Vera Rubin, arrastramos un error de base en las ecuaciones Físicas que no conocemos.

Su reputación creció y pudo colaborar en muchos proyectos interesantes, incluso realizó algunos estudios con su hija Judith, también doctora en Física. A lo largo de su carrera consiguió derribar algunas puertas, ganar varios premios y menciones, y el reconocimiento de sus pares. Lo que no obtuvo, como muchos otros grandes científicos, fue el Premio Nobel, con lo que hubiera entrado en la historia como la tercera mujer en conseguirlo, pero falleció en 2016.

Pero ella siempre fue feliz por haber conseguido su sueño con el apoyo de su familia, criado a sus hijos y conseguido que su trabajo perdurara, pues la «materia oscura» de Vera Rubin cambió para siempre el mundo de la astrofísica.

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